¿De dónde viene tu interés por el arte y la cultura?
No te voy a decir que es porque soy francesa, eso sería demasiado fácil. Para mí, el arte siempre ha sido fundamental. Cuando empecé a proyectar mi desarrollo profesional, estudié arte, pero en ese momento no era viable así que hice otra cosa. Sin embargo, para compensarlo, siempre me aseguré de ir por lo menos dos horas a un taller de pintura mientras vivía en Francia.
Cuando me fui de mi país a los 35 años, me pregunté, qué era lo que más iba a extrañar, y la respuesta fue clara: el arte. Así que antes de mudarme tomé un taller de tres semanas, para saber qué materiales tenía que llevar conmigo para seguir conectada y viviendo el arte en mi nueva vida.
¿Hoy día sigues pintando?
Al inicio trabajé en escultura. Tenía algunas esculturas africanas en mi casa que me fascinaban porque no eran clásicas, sino representaciones de seres humanos hechos con metal o con madera. Luego me di cuenta que con la pintura al óleo podía continuar mi camino artístico, inspirándome en Dalí. La última vez que pinté fue durante la pandemia, ahora no tengo mucho tiempo.
Hoy en día, mi interés por el arte se ha transformado. Ahora me motiva más ver cómo nosotros podemos generar oportunidades para que las personas se desarrollen y vivan del arte. Más que crear, me interesa apoyar a quienes lo hacen.
¿Cómo fue tu llegada a Chile y tu acercamiento al arte aquí?
Llegamos en 2020 a Chile y estos últimos 3 años –desde el 2023– han sido muy buenos gracias a Antenna. Antes vivía en Medio Oriente, donde no había muchas oportunidades de vivir el arte. En Francia, en cambio, participé en la asociación Telerama haciendo mecenazgo para artistas de teatro, música y artes visuales, siempre estábamos mirando y evaluando cómo podíamos apoyar a esos artistas.
Cuando llegué a Omán no había nada de eso, así que lo que hicimos fue trabajar con una asociación para llevar artistas de Medio Oriente a exponer allí. Prestaba mi casa y recibimos artistas para que pudieran hacer sus proyectos, en total logramos hacer entre 2 a 3 exposiciones. Además, participé en eventos organizados por el Centro Franco-Omanais en colaboración con la Embajada de Francia. Ya en Chile, la primera persona que conocí me propuso invitar a artistas jóvenes chilenos, de distintas regiones, e invitarlos a hacer exposiciones en Santiago. Con esta modalidad, logramos hacer cuatro exposiciones antes de la pandemia. La primera exposición en la que participé acá fue en la Sala Gasco, con las obras de las artistas visuales Dominique Schwarzhaupt, Ximena Velasco y María Inés Schmidt.
Actualmente trabajo en el rubro de energías verdes, pero encontré una manera de vivir el arte a través de Antenna. Una amiga, socia de la fundación, me invitó a una sesión y me encantó la propuesta y también la idea de poder viajar con la fundación y descubrir el arte, ver talleres y artistas de lugares como Lima, São Paulo, Río o Bogotá, así como en distintas partes de Europa. Es un aporte y una apertura invaluable sobre el mundo cultural.
¿Qué fue lo que te motivó a unirte a la comunidad Antenna y cómo ha impactado en tu vida esta experiencia?
Lo que más me motivó fue volver a apoyar a los artistas y fomentar el arte en Chile. También fue la posibilidad de descubrir el arte chileno desde dentro.
Para mí, el arte es una forma de conocer un país. Trato de entender la identidad de un lugar a través del arte y, en Chile ha sido sorprendente descubrir tanta diversidad y originalidad. Además, vivir como expatriado es difícil; sabes que en cualquier momento puedes cambiar de país. Antes, era impensable establecernos en un solo lugar, pero ahora tomamos la decisión de traer poco a poco nuestra casa a Chile. Gracias a experiencias como las de Antenna volvimos a soñar con invertir en arte para nuestro hogar, que es algo que compartimos con nuestros hijos. Algo que tratamos de hacer es comprar una obra según los países que visitamos, tenemos una pieza de Omán que nos recuerda a nuestra vida allá.
Desde tu perspectiva, ¿qué valor tiene construir una comunidad en torno al arte?
Para mí el valor está en el apoyo, la colaboración y el intercambio. El arte crea espacios donde las personas pueden comunicarse y encontrar puntos en común, más allá de sus diferencias, en paz. El amor al arte puede generar conexión y unirnos sin limitaciones.
¿Cómo ha evolucionado tu relación con el arte a lo largo del tiempo? ¿De qué manera ha influido en tu forma de ver el mundo?
El arte es alma, emoción, sensibilidad. Antes pensaba que había una barrera entre los artistas y los coleccionistas, especialmente en Francia donde no suelen juntarse. Lo que me encanta en Antenna es que aquí la frontera se rompe.
El arte siempre deja huellas en quienes lo viven. ¿Podrías compartir algún aprendizaje significativo que hayas obtenido a través de tu vínculo con el arte y con Antenna?
He aprendido que si realmente te gusta el arte, es necesario invertir en él. Para mí, comprar arte no es solo una transacción o inversión, es una manera de apoyar a los artistas y llevar contigo algo que te conmueve o gusta.
El año pasado visitamos la feria SP Arte en Brasil y compramos algo que nos llamó la atención. No importa el país en el que estemos, siempre buscamos maneras de vivir y promover el arte. Hay que detenerse, mirar y comprar.
Cuéntanos sobre una Sesión Antenna que haya sido particularmente significativa para ti.
Además de mi primera sesión, que fue la que me enganchó con Antenna y donde me gustó mucho poder escuchar al artista en vivo, recuerdo una Sesión del 2024 en la Galería Aninat para ver la exposición de Mariana Najmanovich. Sus pinturas representaban escenas de guerra y me impactaron profundamente. Me gusta el arte que provoca, que incomoda, que te obliga a cuestionarte.
Finalmente no estamos buscando siempre la belleza, a veces es importante que un artista exponga la realidad como es, aunque sea un riesgo. La exposición de Mariana generó conversaciones en mi familia después de la sesión. Me pareció muy valiente su forma de tomar ese tema y llevarlo a una muestra.